Mexicanos Perdedores y ¿Resignados?

Enrique Cisneros

A muchos mexicanos los han acostumbrado a ser perdedores, pero lo peor a resignarse con sus derrotas: el día de ayer volvió a perder la selección de futbol, que no es ninguna selección nacional, sino la de las televisoras y los millonarios. Ahora fue contra de Estados Unidos en el arranque del hexagonal rumbo a al mundial de Sudáfrica.

En lugar de que muchos de los bien llamados fanáticos, dejaran su actitud de fanatismo (valga la redundancia), o sea un apoyo acrítico, resignados están haciendo números para ver si es posible clasificar venciendo a los próximos rivales: Costa Rica, Honduras y El Salvador.


Resignados, los fanáticos no se atreven a cuestionar la legitimidad de un equipo integrado por vedets que se sienten luminarias deportivas, siendo solo marionetas de los intereses económicos y políticos de los grandes capitalistas, incluyendo las televisoras.

Perdió México, dicen, pero ganaremos ante Costa Rica el 28 de marzo y nos reponemos, replican. Vaya manera de resignarse, esperando que los jilguerillos de televisa y TV Azteca los vuelvan a adormecer con sus absurdos seudo análisis futboleros.

Lo peor es que esta actitud ante la vida, ese fanatismo lo llevan más allá del futbol y aunque ven que el peso mexicano se desmorona frente a un dólar debilitado, que crece el desempleo, que suben los precios de los artículos de primera necesidad, que los explotadores capitalistas (neoliberales) han convertido a México en un país perdedor, se resignan con cuentos como ese de que la crisis viene de afuera, pero que si siguen aguantando, tal vez el año que entra salgan del bache.

Esos perdedores no son capaces de recordar que esa crisis les afecta porque los mismos vende-patrias que los llaman a la sumisión, son los que enchufaron a México a la cola del tren neoliberal.

Y esos perdedores en lugar de protestar, de hacerlo de manera organizada, como gritones de porra futbolera, mientan madres, pero vuelven al redil de la resignación, agachándose ante el primer grito de los poderosos.

Pero así como en el futbol cada vez hay más gente que se cuestiona el por qué debe de aceptar todo con fanatismo, sin pensar, también en la vida cotidiana hay quienes van despertando, dándose cuenta de la realidad que los circunda.

¿Cómo aceptar a jueces que se atreven a declarar que lo que sucedió en Atenco fue porque los policías se extralimitaron en sus funciones, exonerando a sus jefes, Peña Nieto y al procurador Eduardo Medina Mora, que dieron al orden de reprimir?

¿Cómo aceptar las mentiras de Felipe Calderón sobre la fortaleza de México para enfrentar la crisis, cuando el salario ya no alcanza o los despidos están a la orden del día?

Pero no basta con darse cuenta de que la mentada selección nacional mexicana, no es ni selección, ni nacional ni mexicana. Hay que hacer algo para no volver a caer en el engaño de los mercachifles. Hay que atreverse a mandarlos lejos y no asistir a los estadios, ni prender las cajas idiotas televisivas.

Y en lo demás, hay que atreverse a cuestionar, pero también a organizarse para cambiar de raíz la sociedad que los ricos imponen con sus Fobaproas y Afores; con su explotación cotidiana de la fuerza de trabajo y con la destrucción del medio ambiente.

Quien realmente quiera dejar de ser perdedor debe de mandar al bote de la basura su resignación y en lugar de rezarle a la virgen para ver si la dizque selección futbolera clasifica de panzazo, debe de tomar por su cuenta la dirección de su destino y no confiarse en una oncena de futbolistas comerciantes mediocres, ni en un puñado de políticos corruptos, títeres de un grupito de adinerados explotadores.